LA VERDADERA Y ÚNICA IGLESIA DE JESUCRISTO ES...

Por: Gerardo Cartagena Crespo




La afirmación "yo pertenezco a la verdadera Iglesia de Cristo" en absoluto no asegura ni garantiza el que real y verdaderamente estés en la Iglesia de Cristo.

Por tal motivo se hace necesaria una búsqueda exhaustiva, arrancando desde la Biblia y a través de la historia, de identificar cuál es, y si realmente la puedes señalar.

En esta apología descubrirás lo fácil que es identificar y señalar cual es realmente la Iglesia de Jesucristo, y verás si realmente perteneces a ella, de lo contrario deberás tomar una muy dura y difícil decisión: la de ingresar a la única y verdadera Iglesia que Cristo…

Si realmente quieres ser fiel a Cristo y a su Evangelio, deberás elegir.

Ya yo lo hice.

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Ver segunda parte: V. La base y el fundamento de la verdad


Ver tercera parte: VII. La única y verdadera Iglesia fundada por Jesucristo es jerárquica.

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Introducción

La siguiente apología va destinada a defender la verdad de la Iglesia de Jesucristo dentro del marco general del cristianismo, por tal motivo quienes tengan y practiquen creencias no cristianas no se verán afectados por lo que aquí se va a decir. Si eres uno de ellos quien está leyendo estas páginas, muy posiblemente lo hagas por curiosidad u otro motivo. Lo importante es que entiendas la importancia capital que este tema representa para la inmensa mayoría de los cristianos. Pues, aunque el cristianismo hoy en día se compone de decenas de miles de iglesias y sectas, cada una asegurando ser la verdadera Iglesia de Jesucristo, la verdad y realidad es que sólo una puede, con todo el derecho, proclamarse como la verdadera y única Iglesia de Cristo.

Si eres cristiano, tal vez seas de los que piensan que todo el cristianismo es la Iglesia de Jesucristo, o que Cristo en realidad no fundó una iglesia, o que tu iglesia en particular es la verdadera Iglesia de Jesucristo y las demás no, etc. La verdad es que hay una enorme confusión en cuanto a determinar cuál es la realidad y verdad con relación a Jesucristo y su Iglesia. En esta apología partiré del hecho de que la inmensa mayoría de los cristianos piensan y creen que su respectiva iglesia es real y verdaderamente la Iglesia de Jesucristo.

Ante esta afirmación, todos los que pertenecen a una iglesia o denominación cristiana, asegurarán pertenecer a la verdadera Iglesia de Jesucristo. Pero, ¿cuál entre más de cuarenta a cincuenta mil iglesias, denominaciones, congregaciones y sectas es realmente la de Cristo? Todos (incluyéndome a mí) aseguraremos pertenecer a esa única Iglesia de Jesucristo.

Por lo tanto, la respuesta correcta no es decir: «yo pertenezco a la verdadera Iglesia de Jesucristo», sino que: «yo pertenezco a la Iglesia que Cristo…»

¡Un momento! Creo que primero hay que aclarar ciertas cositas para dar con la respuesta acertada.

La afirmación, «yo pertenezco a la verdadera Iglesia de Cristo», en absoluto no asegura ni garantiza el que real y verdaderamente esté en la Iglesia de Cristo. Podré estar en una iglesia que predique, más o menos, el evangelio de Cristo, y esto debido a que no todas a la vez pueden predicar el Evangelio de Jesucristo en su totalidad, ya que todas, en uno que otro punto, se contradicen unas a otras, y el verdadero Evangelio de Jesucristo no puede en absoluto contradecirse. Sólo y únicamente la verdadera Iglesia de Jesucristo es la que está predicando el Evangelio en su totalidad.

Ya oigo las voces decir a viva voz y con toda seguridad: «Esa iglesia es la mía, en la que yo milito.»

Pues que bien, yo como católico lo afirmo, el protestante lo afirma, el testigo de Jehová lo afirma, el mormón lo afirma, el ortodoxo lo afirma…, y tenemos entonces un sancocho de afirmaciones en el que parece que ni el Espíritu Santo sabe donde está parado.

Es fácil afirmarlo y darlo por hecho, pero cada quien, ¿lo podrá probar?

«¡Yo sí!» Asegurará el protestante. ¿Cómo? «Por la Biblia». ¡Upff! ¡Sí,

cómo no! Hasta yo como católico puedo probarlo por la Biblia. Y de hecho, se puede probar por la Biblia cual es la verdadera y única Iglesia de Jesucristo, pero falta algo. Un algo que hace que las promesas de Cristo con relación a su Iglesia se hagan realidad y se cumplan en su totalidad. Y ese algo es… Bueno. No quiero adelantarme a los hechos, así que, sigamos adelante en esta… podría llamarlo, ¿limpieza de prejuicios?

Así como lo oyes, o mejor dicho, así como lo lees, pues uno de los más grandes y graves obstáculos para llegar a la verdad total con relación a la única Iglesia de Cristo, son los prejuicios.

Así pues, del primer prejuicio del que debemos purificarnos es el de creer que la afirmación «yo pertenezco a la verdadera Iglesia de Cristo» me garantiza que realmente estoy militando en la verdadera Iglesia de Cristo.

Esto es falso. Si todas dicen lo mismo es porque o todas están equivocadas, o sólo una entre todas está en lo cierto y las demás, lógicamente, están equivocadas.

El otro prejuicio del que debemos librarnos es el de que, «lo puedo probar por la Biblia», cuando todas dicen lo mismo, convirtiendo la Biblia en un libro de recetas e instrucciones de cómo hacer mi propia iglesia o secta, para luego asegurar (¡oh, maravilla!) que es la verdadera Iglesia de Cristo, cuando en realidad Cristo no… Bueno, sigamos.

Y gritas, pataleas, abres tamaños ojos y te enojas. «¿¡Cómo va ser!? ¡No, no puede ser! ¿¡Negarme a afirmar lo que siempre he creído!? ¡Imposible!»

Bueno, si te pones así, ¿cómo te pondrás si te digo que de otro prejuicio del cual debemos librarnos es el de afirmar: mi iglesia es la que predica el Evangelio en su totalidad!? La del evangelio completo. Y, sin embargo, todas aseguran lo mismo.

Y me dirás: «aplícate también eso mismo. Toma de tu propia medicina.»

Y te respondo que así debe ser, pues para llegar a la verdad total en esto, hay que comenzar desde cero. Desgarrando dolorosamente ciertas creencias que asumimos como verdaderas, que pueden ser ciertas, pero… no es meramente afirmarlo, sino probarlo con hechos concretos.

Así pues, si nos hemos despojado de estos prejuicios, o mejor dicho, de estas creencias asumidas y aceptadas como verdaderas… Si estamos en cero, entonces comencemos desde el principio y corrijamos la afirmación: «Yo pertenezco a la verdadera Iglesia de Jesucristo», y cambiémosla por la que es…, no la más correcta, sino la que es realmente la correcta, la única correcta: «Yo pertenezco a la Iglesia que Cristo fundó.»

¿Te sorprendes? Pues sí. La verdadera y única Iglesia de Jesucristo…, la que se puede considerar como tal es, única y exclusivamente, la que Cristo mismo en persona al final de su vida terrenal, fundó. ¡Y no otra!

Así pues, cuando yo afirmo que pertenezco y milito en la Iglesia que Cristo fundó, estoy diciendo y asegurando que pertenezco y soy miembro privilegiado de la verdadera y única Iglesia de Jesucristo.

«Pero, ¿es que Cristo no fundó una Iglesia?» Protestarán algunos haciendo honor a su nombre.

Entonces, ¿será verdad esta afirmación? Para averiguarlo utilizaré un principio protestante que dice (y lo he escuchado muchas veces) que si no está en la Biblia no es verdad. Tiene que estar en la Biblia para que sea cierto.

«Y ¿cuál será entonces porque…? La católica no puede ser por…», responderás si eres protestante, anglicano, ortodoxo, testigo de Jehová, mormón, adventista…

Bueno, para averiguar cuál es debemos comenzar con la Biblia en mano, desde cero, sin prejuicios.

Así pues, comencemos indagando y probando si realmente Cristo fundó una iglesia, su única y verdadera Iglesia.


I. La verdadera Iglesia de Cristo, la que Él fundó.

Veamos los siguientes textos bíblicos.

«...y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mateo 16, 18).

En este texto Jesucristo da la promesa de que va a edificar (que es lo mismo que construir, hacer...) su propia Iglesia. Y ¿en qué momento histórico se hace realidad? Veamos el siguiente texto.

«...la Iglesia del Señor, que él adquirió con su propia sangre» (Hechos 20, 28).

Es en la cruz del Calvario donde Cristo realiza su gran obra: la redención del género humano y la institución de la Iglesia por la que se derramaría los tesoros de la redención. (Ver también el Catecismo de la Iglesia Católica 766; y el Compendio 149.) Y todos los que formen parte de ella, ¿cómo quedan constituidos? Veamos.

«Ustedes antes no eran su pueblo, pero ahora son pueblo de Dios» (1 Pedro 2, 9-10).

La Iglesia, como Sacramento de salvación, se constituye como el nuevo Pueblo de Dios. Con la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo la Antigua Alianza ya pasó y da inicio la Nueva. Nueva Alianza que es renovada y conmemorada constantemente y a cada instante por esta Iglesia en la celebración de la Eucaristía (ver: Mateo 26, 26-29; ICorintios 11, 23-26; Malaquías 1, 11).

Luego, los textos son tan claros que no hay que interpretar nada. Cristo dice bien claro: «y sobre esta piedra edificaré mi iglesia…» Y sabemos que edificar es lo mismo que construir, hacer algo nuevo no existente anteriormente. Y, ¿qué es lo que Cristo edifica? «…mi iglesia», es decir, su Iglesia, su verdadera Iglesia adquirida con su propia sangre.

Así pues, sin prejuicio alguno, vemos como primera y fundamentar verdad bíblica el que Cristo fundó su verdadera Iglesia. Luego, si queremos buscar y hallar la verdadera y única Iglesia de Jesucristo, ésta es única y exclusivamente la que él mismo fundó hacen ya dos mil años. No otra.


II. La única Iglesia de Cristo, la que Él fundó.

Pero, ¿cuántas iglesias Cristo fundó? El texto de Mateo no da margen a dudas. Cristo dice bien claro: «mi iglesia», no «mis iglesias»; igual leemos en Hechos 20, 28 «…la iglesia de Dios», o el «Pueblo de Dios.»

Y si realmente has leído el Nuevo Testamento sin prejuicio, verás allí una sola y única Iglesia. Todo lo contrario, se condenan las divisiones, pues ello no viene del Espíritu Santo, sino de Satanás, padre de la mentira como lo llamó Cristo en una ocasión.

Así pues, tenemos como segunda verdad bíblica el que Cristo funda una sola Iglesia. Y esa Iglesia,…


III. …la verdadera y única Iglesia de Cristo jamás será vencida.

«… y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, que los poderes del infierno no la podrán vencer» (Mateo 16, 18).

La siguiente narración expresa el pensamiento general de los protestantes en cuanto a lo acontecido a la Iglesia de Cristo, la que Él fundó y a la que Él prometió que jamás sería vencida ni destruida. Veamos.

En el libro, «¿Cuál Camino? de Luisa J. de Walker» se dice, o dice ella (y todos los protestantes con ella) lo siguiente:

Página 16. «Es importante recordar que durante más de mil años, la Iglesia fundada por Jesucristo era una; no era ni católica romana, ni ortodoxa griega, ni protestante, sino sencillamente cristiana».

Si por espacio de mil años la Iglesia que Cristo fundó no era ninguna de las que ella menciona, ¿dónde está hoy?, pues la promesa de Cristo es infalible: «los poderes del infierno no la podrán vencer.» No es católica, por lo tanto estamos en error; no es protestante, por lo tanto están en error; no es ninguna de las iglesias ortodoxas, ni anglicana, ni ninguna otra fundada por hombres, por lo que están en error. ¿Dónde está? Pues, si realmente queremos seguir a Cristo, estamos en la obligación de buscarla y pertenecer a ella. La gran pregunta entonces es: «¿Dónde está?»

La respuesta nos la da ella misma a continuación:

«Durante ese milenio fueron desarrollándose ciertos elementos y tendencias dentro de la Iglesia, que fueron los que finalmente tuvieron como consecuencia la ruptura».

¿Cuál ruptura? ¿Se referirá a la ruptura acontecida en 1054 cuando se separa la iglesia oriental de la occidental creándose la iglesia ortodoxa y su subsiguiente divisiones en iglesias regionales (Iglesia Ortodoxa Griega, Iglesia Ortodoxa Rusa, etc.)? ¿O a la ruptura de 1517 provocada por un sacerdote quien se rebela contra la Iglesia Católica, surgiendo con ello el protestantismo? ¿O la ruptura de 1534 provocada por el rey de Inglaterra quien se rebela contra la Iglesia Católica porque el Papa no le quiso anular su matrimonio? Pero no, no es ninguna de esas rupturas a la cual ella se refiere, sino aquella que es una grave y terrible contradicción a la promesa de Cristo (y otras más que veremos luego), de que su Iglesia jamás sería vencida por los poderes del infierno. Así pues, sucede, según este pensamiento protestante, que Satanás por fin pudo vencer y destruir la Iglesia que Cristo fundó, por lo que Cristo por fin fue derrotado.

Dirá el protestante: «¡Mentira del diablo! ¡Blasfemia! ¡Eso no es verdad!»

Pues bien, dice ella al final del párrafo que (y el pensamiento protestante en general así lo da a entender), la Iglesia fundada por Jesucristo cayó en una degeneración doctrinal, moral y espiritual incluyendo a sus dirigentes.

De esta manera, ella (y otros historiadores protestantes) da por cosa históricamente cierta que la Iglesia fundada por Jesucristo se corrompió y adulteró su doctrina, por lo que se apartó de la verdad.

Pero eso no es todo, pues continúa afirmando y dando como un hecho histórico y seguro (en la página 17) que, «la decadencia de la iglesia empezó cuando millares de personas se bautizaron y fueron recibidas como miembros de ella sin haberse convertido verdaderamente,… Hubo hombres ambiciosos y sin escrúpulos que empezaron a buscar puestos en la Iglesia para obtener influencia social y política, o para gozar de los privilegios y del sostén que el estado proveía para el clero. De esta manera las formas, los ritos, las ceremonias y las creencias del paganismo se iban infiltrando en la Iglesia cristiana… (por lo que) se había iniciado una larga historia de asociación con otras religiones que apartaría a la Iglesia Católica Romana del camino verdadero».

Vamos a desmenuzar este pensamiento protestante.

a. «La decadencia de la Iglesia empezó…»

¿Cuál Iglesia? Pues, según todo el texto y todo el contexto se refiere a la verdadera y única Iglesia que Cristo fundó. Por lo tanto, ella afirma y da como caso histórico el hecho de que la Iglesia de Jesucristo, por él fundada, por fin fue vencida al iniciarse en ella una decadencia moral, doctrinal y espiritual.

b. «cuando millares de personas se bautizaron y fueron recibidas como miembros de ella sin haberse convertido verdaderamente».

¿Acaso ella no ha leído aquellas parábolas en las que Cristo advierte que, en su Iglesia, estarán juntos buenos y malos? Lee las siguientes parábolas:

«El reino de los cielos es como un hombre que sembró semilla buena en su campo. Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando el tallo brotó y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Fueron entonces los sirvientes y le dijeron al dueño: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña? Les contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vallamos a arrancarla? Les contestó: No; porque, al arrancarla, van a sacar con ella el trigo.

Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. Cuando llegue el momento, diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña, y en atados échenla al fuego; luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero» (Mateo 13, 24-30).

«El reino de los cielos se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie. Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran. Así sucederá al fin del mundo: separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes» (Mateo 13, 47-50).

Y los textos en los que San Pablo amonesta y llama la atención de aquellos cristianos que sus acciones eran malas y daban escándalos en la Iglesia (Ver: 1 Corintios 1, 10-13; 5, 1-13; 6, 1-11; Gálatas 4, 12-20; algunas recomendaciones: Efesios 4, 17-5, 5; ver también Santiago 4, 1-5, 6).

La realidad es que, la Iglesia su misión primordial es el anuncio de la Buena Nueva de la Salvación para todos los pecadores, para todos los que obran el mal pero quieren regenerarse; es decir, la Iglesia debe acoger a todos: a los malos que quieran hacerse buenos, y a los buenos que quieran hacerse mejores. Si alguien no quiere escuchar la voz de la Iglesia para que se convierta de su mala vida y se salve, eso es su problema. Pero atacar a la Iglesia por la maldad de algunos de sus miembros, es obrar injusta y perversamente contra la misma humanidad, pues en todas las instituciones humanas hay buenos y malos juntos, y no porque hayan malos hay que eliminarlas todas.

c. «Hubo hombres ambiciosos y sin escrúpulos que empezaron a buscar puestos en la Iglesia para obtener influencia social y política, o para gozar de los privilegios y del sostén que el estado proveía para el clero».

 A que tampoco ella ha leído las advertencias de San Pedro, o las de San Juan. Veamos:

«En el pueblo de Israel hubo también falsos profetas, como habrá entre ustedes falsos maestros, que introducirán sectas perniciosas, y, renegando del Señor que los redimió, se acarrearán una rápida destrucción. Muchos los seguirán en su vida viciosa y por su culpa será desprestigiado el camino de la verdad. Y por amor al dinero abusarán de ustedes con discursos engañosos. Pero la condenación los espera a ellos sin remedio, ya que desde hace mucho ya están condenados» (2Pedro 2, 1-3).

«Hijitos, ya es la última hora; y han oído que el anticristo viene, pero ya han venido muchos anticristos; por esto comprobamos que es la última hora. Ellos salieron de nosotros, pero no eran de los nuestros; porque si hubieran sido de los nuestros, se habrían quedado con nosotros; pero salieron para que se viera que no todos son de los nuestros» (1 Jn. 2, 18-19).

Además, es lógico suponer que muchos que ingresaron al seno de la Iglesia no lo hayan hecho desde un principio por el Evangelio, sino por otros intereses. En esto se puede ver los intentos de las fuerzas del infierno por tratar de destruir a la Iglesia, pero según las promesas infalibles de Jesucristo, ésta jamás será vencida ni en lo moral, ni en lo doctrinal, ni en lo espiritual. ¡Es promesa de Cristo!

Además, el ingreso de millares de personas al seno de la Iglesia en nada y para nada es indicio de decadencia doctrinal, moral y espiritual, todo lo contrario, ello indica la apertura de la Iglesia de Dios (que quiere que todos los hombres se salven y lleguen a la plenitud de la verdad -1 Timoteo 2, 3-4-) que, como una buena madre, acoge a todos a los que a ella quieran ingresar para sanarlos de sus malas costumbres y llevarlos a la casa del Padre. Para eso Cristo instituyó la Iglesia, esa es su misión principal, dar a conocer el Evangelio de Jesucristo a toda la humanidad. ¡Hay de la Iglesia si dejara de evangelizar, cerrándole las puertas a la humanidad!

d. «De esta manera las formas, los ritos, las ceremonias y las creencias del paganismo se iban infiltrando en la Iglesia cristiana…»

¿Qué formas, ritos, ceremonias o creencias? Bueno, tal vez se refiera a la cristianización de la fiesta pagana del Sol Invicto el 25 de diciembre, por la celebración del nacimiento del verdadero Sol Invicto, Jesucristo… Lo bueno de la Iglesia de Jesucristo, en su lucha contra las fuerzas del mal, es el haber logrado tomar lo bueno y positivo de las diferentes culturas, sin tener que abandonar la verdad del Evangelio ni mucho menos que éste se corrompiera, para así embellecer y enriquecer la manera más apropiada para la celebración del legítimo culto a Dios: la Santa Misa y demás celebraciones litúrgicas.

e. «se había iniciado una larga historia de asociación con otras religiones que apartaría a la Iglesia Católica Romana del camino verdadero».

¡Qué bien! Tenemos en esta afirmación un excelente punto a nuestro favor: el que ella haya identificado la Iglesia que Cristo fundó con la Iglesia Católica. ¿No es gracioso? Aunque haya sido de un modo erróneo para atacar a la Iglesia, es una clara y abierta confesión de la verdad y legitimidad de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Bueno, como dicen en mi barrio: «le ha salido el tiro por la culata.» «Después de tanto nadar, muere en la orilla.» Así mismo le pasa a los protestantes, después de tanto asegurar que la Iglesia Católica es… para después asegurar que es la que Cristo fundó.

Y si, como ella afirma, la Iglesia Católica Romana (la cual identifica con la Iglesia fundada por Cristo) se apartó de la verdad, quiere decir que efectivamente estaba en la verdad. Y como, según la promesa infalible de Cristo, ésta jamás será vencida, es del todo imposible que haya caído en error apartándose de la verdad. De lo contrario habrá que darle crédito a los enemigos de la fe cristiana que buscan la manera de desacreditarla y ridiculizarla, por que si la Iglesia se apartó de la verdad es porque Cristo no pudo cumplir su promesa, luego no es Dios, luego es un simple mortal como cualquier otro.

¡Qué triunfo el de Satanás si esto hubiese sido así, tal y como lo afirman y aseguran los protestantes! Pero Cristo está por encima de los propósitos y deseos humanos. ¡Gracias a Dios!

Nota. Un punto que no quiero dejar pasar, es el siguiente: Luisa J. de Walker afirma y asegura que por más de mil años la Iglesia de Jesucristo no era ni Católica Romana… Entonces, nos encontramos ante una contradicción y un anacronismo. ¿Explíquenme cómo puede ser que por mil años la Iglesia que Cristo fundó no era la Católica Romana, para luego asegurar que esa Iglesia, la que Cristo fundó, es la Católica que en los primeros siglos del cristianismo se fue corrompiendo y apartándose del camino verdadero?

¡Vaya, qué enredo! Y qué lío la de los protestantes, que piensan que el cristianismo primitivo se corrompió y se apartó de la verdad, pues el Cristo en el que ellos creen y predican no puede mantener su palabra.


IV. La permanencia perpetua de Cristo en su Iglesia

«Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo» (Mateo 28, 20). ¿O «yo estoy con ustedes hasta que mueran y luego volveré al final de este mundo», o «yo me iré y volveré en los últimos días»…? ¿Cuál versión es la correcta? Pues, si cada vez que a alguien se le antoja fundar una iglesia, rápidamente asegura haber sido enviado por Dios para establecer la verdadera iglesia de Cristo por tanto tiempo olvidada…

La obra del diablo es engañar y confundir, y ésta, la de crear divisiones ha sido una de sus mejores y más eficaces estrategias para confundir y crear el caos.

Pero la promesa de Cristo es clara, veraz y eficaz. «Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo» no da margen a error ni a confusión. No existe un tiempo entre la primera y la segunda venida de Cristo de obscuridad y abandono, por parte de Jesucristo para con su Iglesia.

Manifestar que el cristianismo primitivo se corrompió y se apartó de la verdad, para luego tratar de justificar la fundación de nuevas iglesias de manos de hombres para, según ellos, restablecer la verdad del Evangelio, es una obra satánica y anticristo.

Esta promesa nos asegura que Cristo jamás, pero ¡jamás! abandonará su Iglesia. Que él estará con ella siempre. Hasta el último día. Es su promesa la cual jamás dejará de cumplirse.

Ver segunda parte: V. La base y el fundamento de la verdad


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